Si eres de los que vive pendiente de su ombligo, tienes un problema. Por muy bonito y redondo que tu ombligo sea. No le viene mal a nadie mirarse de vez en cuando de cuerpo entero en el espejo. Prueba a hacerlo, y te darás cuenta de que, siempre que lo hagas, aparece algo más que tú. No estás sólo. Siempre hay mucho más detrás.

Si eres de echar raíces, hazlo. Pero no te olvides de regar la planta a diario o de lo contrario no podrá crecer.

Corre, crea, baila, canta como si no hubiese un mañana (qué más da cómo sea tu voz si lo haces con ganas) y mira. Observa cada pequeña cosa porque a veces las cosas, el tiempo, vuelan. Y, a veces, serás tú quien necesite volar.

Y si eres como yo, y tienes debilidad por las estrellas, no dejes de mirarlas cada noche y en algún momento podrás alcanzarlas. O quizás alguna acabe descolgándose. Pero si las miras, si estás pendientes de ellas, nunca te conseguirán aplastar.

No dejes que tus sueños te aplasten. Lánzalos al aire y deja que sucedan.