Se quedó perdida mirándole. Estudió cada una de sus formas. Se enganchó a sus gestos. Se mordió los labios al ver cómo sonreía. Se hizo adicta a su diario. Se encontró en todo aquello que escribía. Enmudeció al escucharle hablar.

Era tan GUAPO que no podía respirar. Tan jodidamente perfecto que su existencia podía parar el aire.

¡Compártelo en las redes!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin